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Goebbels y las comunidades autónomas

Publicado en Opinión

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Heriberto Dávila

Joseph Goebbels era un dirigente nazi que puso mucho énfasis en el arte de la propaganda en los años 30 y en la nefasta II Guerra Mundial. Una de sus consignas más célebres fue: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». Es evidente que durante un tiempo le funcionó, no hay que olvidar el amplio respaldo electoral del Partido Nazi.
Pues bien, parece que este «personaje» y su consigna ha revivido en el último año a costa de la política española y los discursos generados en torno a la crisis. La derecha mediática y un sector importante del Partido Popular y de UPyD han puesto el ventilador a funcionar con respecto a los males de las comunidades autónomas (CC AA) y a su supuesto «despilfarro». No sé si han tenido a Goebbles como inspiración, pero desde luego, la máxima de la mentira política que se repite todos los días está germinando en un sector de la población.
Pero vayamos a los argumentos contra la mentira. Se dice que las CC AA han despilfarrado y han acometido gastos superfluos. No seré yo el que defienda algunos desmanes cometidos por ciertos responsables públicos en lo que respecta, por ejemplo, a infraestructuras, pero no podemos olvidar la consideración más importante acerca del gasto público de las CC AA. Estas se han convertido, sobre todo a partir del final del siglo XX, en las que mantienen el mayor peso del Estado del Bienestar. De esta forma, en torno al 75% del gasto de las mismas se ha centrado en sanidad, educación, servicios sociales, empleo y vivienda. Es decir, estas CC AA abonan el salario del personal médico, profesores/as, bomberos, etcétera.
Cuando se cuestiona el gasto de las CC AA, se está en realidad cuestionando las políticas de servicios al ciudadano. Desde una visión liberal se puede estar en contra de que estas políticas se desarrollen, pero entonces que no se convierta en coartada para eliminar las CC AA, tendrían que decir claramente que están en contra de esas políticas sociales para no engañar ni mentir al ciudadano. El resto del gasto autonómico se concentra en infraestructuras (en ocasiones cofinanciadas) con un 7%, en I+D (en torno al 2%) y en otros gastos, desde culturales hasta seguridad. Algunos de estos gastos sin duda son cuestionables, desde un aeropuerto (sin aviones) hasta una policía autonómica de dudosa utilidad.
Pero en base a esto no se puede decir que «el gran problema de España» son los 17 parlamentos o algunas instituciones «duplicadas», como, por ejemplo, el Diputado del Común o el Consejo Consultivo. Estas instituciones se llevan un porcentaje mínimo del presupuesto autonómico. En el caso canario el dinero que se gasta en el Parlamento (con el sueldo a sus diputados), en el Diputado al Común, o en otras instituciones como estas, no es una cifra significante desde el punto de vista presupuestario. Estas instituciones no sobrepasan al año los 30 millones que ha pagado el Real Madrid por el jugador croata Modric.
Por otro lado, las CC AA han aguantado nuevos gastos en los últimos años que se aprobaban en Madrid y que había que desarrollar con insuficientes garantías económicas, siendo en este sentido el ejemplo más claro la Ley de Dependencia.
Tampoco se puede hacer un discurso homogéneo, es evidente que la distinta perspectiva de ingresos y gastos de cada comunidad también ha tenido que ver con la estructura productiva y el modelo económico de cada Comunidad. En este sentido no es comparable lo que puede recaudar y por lo tanto no incrementar la deuda, una Comunidad con desarrollo industrial y diversificación de la economía con otra centrada en sector servicios, donde por ejemplo el pinchazo de la burbuja de la construcción ha tenido mucho más peso.
En el proceso de transición el Estado autonómico ignoró la exigencia que en la historia ha marcado el buen éxito del federalismo, consistente en crear mecanismos horizontales de coordinación de los Estados miembros (por ejemplo un senado de verdad) y fijar inequívocamente los límites, por ejemplo sobre asunción de competencias cuasi-estatales y endeudamiento, respecto del Estado central.
Es evidente que el Estado español no solucionó bien un modelo en continua negociación y que debemos incidir en la senda del federalismo. No debe confundirse descentralización, nuevo reparto de poder y autonomía política con problemas de eficacia y eficiencia. Muchos estados federales, como los EE UU o Alemania, funcionan y son una solución, mientras que otros Estados unitarios, como Portugal o Grecia, atraviesan grandes dificultades.
Si se trata de discutir de eficacia, eficiencia y buena gestión, discútase a fondo y de todo, empezando por la supresión de delegaciones del Gobierno y ministerios inútiles, la supresión de Diputaciones Provinciales o una reestructuración y disminución de municipios como sí han hecho otras democracias de nuestro entorno. El camino moderno y racional en este momento es el federalismo y no plantear debates tramposos, porque estas mentiras pueden llevarnos a que la camisa de fuerza del centralismo agote la paciencia de muchos ciudadanos. De todos depende que el espíritu de Goebbles no triunfe de nuevo en la política territorial española.

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